Wednesday, June 24, 2009

Jesús de la Barra

Es el primer cuento que escribí y al que le tengo más afecto. No sería realidad sino fuera por la tutela de Renzo Rossello, escritor y periodista, cuando trabajámos juntos en el diario El País, en Montevideo, allá por el año 2001. Desde su primer comentario, "esto no es literatura" hasta el último, "está muy bien" fue un guía paciente y sutil. Pues eso, que está dedicado a Renzo Rossello.

Llegué a la Barra el 24 de mañana. Almorcé en el bolichón de los laburantes y me quedé sin un peso. Tenía mis hojas y si vendía un dibujo me iba a dar por lo menos para cenar una pizza y una cerveza. Pero se hizo de noche y no había vendido nada. Intenté en los restaurantes pero ni siquiera me dejaban entrar. A Jesús lo conocí en la madrugada de Navidad. Bajé a la playa de Montoya porque sentí que había fiesta y me acerqué a un fogón enorme que había en la arena. Jesús recitaba y había unos pibes que tenían unos tambores africanos. Yo tenía mis hojas abajo del brazo. Me senté a la rueda sin que nadie me dijera nada y al poco rato recibí la pipa. (Leer más)

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